El rico (y desconocido) Ochocientos brasileño

José Roberto Teixeira Leite

El riquísimo y diversificado arte brasileño del Sig. XIX sigue siendo un vasto y desconocido territorio totalmente abierto a nuestros historiadores de arte, quiénes lamentablemente, salvo raro excepciones, insisten en encuadrarla, por comodismo o ignorancia, en la zanja común de aquello que definen apresurada y peyorativamente como academicismo: para que tengamos una idea de como andan retrasados nuestros estudiosos con relación a ella, basta decir que de los dos mejores libros que ya le fueron consagrados, uno de ellos escrito hace más de 100 años, El Arte Brasileño, de Gonzaga Duque, conteniendo lúcidos análisis de un crítico que conoció de cerca buena parte de los artistas estudiados, y el otro, hasta hoy no superado por la cantidad de informaciones, reproducciones de obras, retratos de artistas y facsímiles de firmas que encierra, Un Siglo de Pintura 1816-1916, de Laudelino Freire, publicado hace 91 años; el más completo estudio sobre Eliseu Visconti aún es el de Frederico Cucaracha, surgido hace más de 60 años, y sobre Pedro Weigärtner nada se editó después de la monografía que Ângelo Guido le dedicó en 1956; más coartador aún es constatar qué hasta hoy jamás fue publicada una única monografía sobre Zeferino da Costa, Rodolfo Amoedo, ¡Lucílio y Georgina de Albuquerque, Benedito Calixto, Almeida Reyes, Rodolfo y Henrique Bernardelli, Alvim Correa, Eugênio Latour, Estêvão Silva, Decio Vilares, Teles Júnior, José Maria de Medeiros, Manoel Lopes Rodrigues, Pinto Bandera, Rodolfo y Carlos Chambelland, Artur y João Timóteo y tantos de los más importantes artistas nacionales anteriores al Modernismo, qué nos lleva a indagar dónde están y lo qué andarán haciendo nuestros investigadores y críticos de arte, seguramente ocupados con temas más trascendentales!

PEDRO AMÉRICO DE FIGUEIREDO E MELLO

Así se nota como es poquísimo estudiada y conocida en la actualidad en su propio país, no se admira que de ella no tengan la más mínima idea y ni siquiera diremos el público, pero los directores y conservadores de museos, historiadores y críticos extranjeros, primero porque nuestras autoridades culturales jamás pensaron en llevar a Europa o a los Estados Unidos una exposición capaz de revelar que fue artísticamente el Siglo XIX brasileño - iniciativa que, si concretada, sin duda contribuiría para situarla en lugar destacado en el mapa de la Historia del Arte Occidental -, y segundo porque no hay la más mínima referencia con cualquiera de nuestros principales artistas del período en obras tan abarcadoras como La Sculpture au XIXe Siècle, de Maurice Rheims, 1820-1920 Les Petits Maîtres de La Peinture Valeur de Demain, de Gérald Schurr, el MacGraw-Hill Dictionary of Art, a Thames and Hudson Encyclopedia of the Arts, a Hutchinson Encyclopedia of Painting, el Dictionnaire Encyclopédique de La Peinture o el Bulfinch Guide to Art History, las cuales sin embargo dedican generoso espacio a miles de artistas de las más diferentes, para no decir bizarras, nacionalidades. Desde luego, alguien podrá recordar, como excepciones a la regla, el Dictionnaire de E. Bénézit, no estuviese el mismo colmado de fallos y omisiones muy graves, y publicaciones más recientes, como el Grove Dictionary of Art y el Oxford Companion to Western Art, las cuales, entre más de 20 mil biografías de artistas, incluyen las de algunos brasileños.

GIOVANNI BATISTA CASTAGNETO

Por el melancólico panorama arriba descrito (a lo cual se debe añadir la inexistencia, fuera de ciudades como Rio de Janeiro, São Paulo y pocas otras, de acervos públicos en los cuales se pueda admirar ejemplares significativos del mejor arte ochocentista brasileña), se puede evaluar las dificultades con que se depara el coleccionista que pretenda aventurarse en ese campo, predestinado a confiar en el propio instinto y a guiarse por las pocas informaciones que le lleguen al conocimiento, sea a través de una consulta a la escasa bibliografía disponible o en visitas a esporádicas exposiciones – como las recientemente dedicadas a Almeida Júnior y Oscar Pereira Da Silva en la Pinacoteca do Estado.

Por todo eso, o mejor diciendo: a pesar de todo eso, no deja de ser sorprendente la existencia de considerable número de importantes coleccionistas cuyo gusto se orienta en dirección a la pintura y, en grado menor, a la escultura brasileña del Sig.. XIX, uno de los cuales hoy generosamente reparte, con los visitantes de más esa edición de lo ya tradicional Salão de Arte, su opulenta colección, integrada por seleccionado grupo de rarezas y abarcando prácticamente todos los segmentos en los que se subdivide el período, de vez que no existió apenas un Siglo XIX, sin embargo varios. Así, el arte de Brasil Colonial está presente con el más destacado miembro de la Escola Baiana de Pintura, José Joaquim da Rocha (fallecido en 1807), mientras Nicolas-Antoine Taunay y Jean-Baptiste Debret representan la Misión Artística Francesa de 1816, que instituyó en Brasil la enseñanza artística oficial, además de introducir en el país el nuevo ideario estético, neoclásico o ya preromántico. Les sigue el discípulo por excelencia de Debret, Manuel de Araújo Porto Alegre, uno de los introductores del Romanticismo en las artes y en las letras nacionales, y Johann Moritz Rugendas, el más ilustre de los llamados artistas-viajantes – un capítulo en el cual Brasil iguala, cuando no suplanta, la atracción que los pintores europeos sintieron por las regiones lejanas del Oriente Medio, del Extremo Oriente o de África Septentrional, destino y escenario de sus viajes pintorescos, tal la cantidad de los que, profesionales o simples curiosos, por aquí pasaron desde el principio del siglo, pintando al óleo o acuarelas nuestros paisajes y costumbres.

JEAN BAPTISTE DEBRET

Arnaud Julien Pallière, Henri Nicolas Vinet - probable discípulo de Corot, y de los primeros a pintar en plein air el paisaje brasileño -, el meticuloso Nicolau Antonio Facchinetti y Friedrich Hagedorn forman el núcleo de los que trabajaron al margen de la Academia Imperial de Bellas Artes, hasta porque efectuaron su formación artística lejos, en Europa. Bastante más numeroso y conocido, por abarcar algunos de los artistas más ilustres de lo que casi se podría llamar de Escuela Brasileña, es el grupo formado por los que merecieron la protección de Pedro II o – en este caso el excelente Agosto José Mota - de la Emperatriz Teresa Cristina: la colección ofrece a los visitantes originales de superior cualidad de Vitor Meireles, Pedro Américo, Almeida Júnior, Amoedo, los dos Bernardelli, Belmiro de Almeida, Parrales, Oscar Pereira Da Silva y Gustavo Dall´Ara.

La revolución que la presencia y la actuación entre nosotros del alemán Georg Grimm determinaron en el arte brasileño finisecular puede ser aquilatada cuando se compara por ejemplo un paisaje de Facchinetti a los numerosos paisajes y marinas, aquí expuestas, de autoría del propio Grimm, de su asistente Thomas Driendl y más de Castagneto, Caron, Vasquez e incluso Francia Júnior, ese último doublé de teatrólogo y pintor. Cierran la colección – y aquí ya estamos en el pasaje de los siglos XIX/XX - pinturas características de Batista da Costa y de Eliseu Visconti, más una escultura de Eduardo de Sá.

JOSÉ JOAQUIM DA ROCHA

JOSÉ FERRAZ DE ALMEIDA JUNIOR

ELISEU VISCONTI